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El certificado digital de representante es la llave maestra que permite a una persona física actuar en nombre de una empresa o entidad, para llevar a cabo labores como la firma de contratos, gestiones administrativas, etc.  

Hay varios tipos según el rol del representante, y, a menudo, su uso puede generar dudas importantes que pueden derivar en problemas de cumplimiento o inoperatividad. Por eso, a continuación analizamos cuándo se debe contar con este certificado y cómo evitar los errores más frecuentes que comprometen la gestión empresarial. 

¿Qué es el certificado de representante y por qué es obligatorio? 

El certificado digital de representante es un documento electrónico expedido a nombre de una persona física que vincula sus datos de identidad con los de la empresa o entidad a la que representa. 

La Ley 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas establece que las personas jurídicas están obligadas a relacionarse por medios electrónicos con la Administración. Por tanto, el uso del certificado de representante es obligatorio siempre que la empresa deba: 

  1. Presentar impuestos y declaraciones: Liquidaciones de IVA, IRPF o el Impuesto de Sociedades a través de la sede electrónica de la AEAT. 
  1. Notificaciones electrónicas: Acceder a la Dirección Electrónica Habilitada única (DEHú) para consultar notificaciones y actos administrativos. 
  1. Licitaciones públicas: Presentar ofertas en procesos de contratación pública a través de plataformas oficiales. 
  1. Gestiones laborales y de Seguridad Social: Interacciones a través de la sede de la Seguridad Social (RED), trámites de extranjería o Inspección de Trabajo. 

Dependiendo de la naturaleza de tu entidad, y del tipo de vinculación que el titular del certificado tenga con la empresa representada, existen soluciones específicas como el Certificado de Representante Legal, el Representante de Entidad sin Personalidad Jurídica o el Representante Voluntario ante las AAPP

Errores comunes al usar el certificado de representante 

A pesar de su uso extendido, los departamentos administrativos suelen cometer errores que ponen en riesgo la continuidad de los trámites. 

1. Confundir la identidad personal con la corporativa 

Uno de los fallos más graves es utilizar el certificado personal (DNIe o certificado de persona física) para realizar gestiones administrativas en nombre de la empresa. La Administración no admite certificados personales para representar a una entidad jurídica. El sistema detectará una falta de capacidad de representación y el trámite será rechazado. 

2. Caducidad y falta de monitorización 

El certificado digital tiene una fecha de caducidad. No renovarlo a tiempo paraliza la capacidad de la empresa para presentar declaraciones o recibir notificaciones urgentes, lo cual puede derivar en sanciones administrativas por el vencimiento de plazos legales. 

Para evitarlo, es aconsejable establecer una política de renovación preventiva 30 días antes de su vencimiento. 

3. Mala gestión de la custodia y delegación 

Es común el certificado se comparta entre varios miembros del equipo que necesitan ejecutar diferentes gestiones, pero hay que evitar caer en el error de compartir la contraseña de un archivo exportable (.p12 o .pfx) entre múltiples personas. Esto vulnera la seguridad, pues si el certificado se ve comprometido, cualquier persona con acceso puede firmar en nombre de la sociedad. 

4. No mantener actualizados los poderes 

El certificado está ligado a la vigencia de los poderes del representante ante el Registro Mercantil. Si un apoderado es revocado, el certificado debe ser revocado inmediatamente. Mantener un certificado activo de un representante que ya no ostenta el cargo supone un riesgo legal enorme para la empresa. 

En Firmaprofesional, no solo facilitamos emisión y gestión de certificados digitales, sino que ayudamos a las empresas a durante su ciclo de vida, y a implantar sistemas de firma electrónica que cumplen con la normativa eIDAS. 

Entender la tipología de certificado que requiere tu empresa y cómo custodiarlo adecuadamente es el primer paso hacia una digitalización sin riesgos. Consulta a nuestros expertos y evita contratiempos innecesarios con la Administración. 

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